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Una novela de María Bonilla Picado (San José, Costa Rica, 10 de abril de 1954) es una escritora, actriz, directora, guionista y profesora costarricense: https://mariabonilla.com

«Es la historia de una mujer que espera en el andén de una estación de tren el cadáver de su amado. No sabe cuándo, ni cómo, ni por qué, ni quién lo mató. El telegrama que le avisa de la llegada del cadáver no dice más que “fue muerto por heridas causadas por hechos de guerra”, la misma causa de muerte que aparece en el acta de defunción de Federico García Lorca, asesinado en vísperas de la Guerra Civil Española y descubierta por Agustín Penón…»

Pudimos contactar con la autora:

María, la novela es una sorpresa muy agradable, especialmente para quienes somos admiradores de Agustín Penón. 

¿Cómo surgió la idea de escribirla?

Mi encuentro de vida con Agustín Penón y Marta Osorio, a quienes nunca he conocido, era inevitable, dado nuestro amor y vínculos con Federico García Lorca. Escuché por primera vez de Penón, estando en un hotel del Barrio Latino, en París, adonde estaba trabajando, una noche insomne gracias al trastorno del sueño debido a la diferencia horaria entre Costa Rica y Europa, cuando jugaba con el control de la televisión y caí en Radio y Televisión Española, donde estaban transmitiendo un documental, La maleta de Penón. Reconocí inmediatamente el nombre del tío de una interesantísima mujer, Margarita Penón, quien fuera primera dama de mi país y me atrapó la historia de este soñador que había dedicado vida y fortuna a descifrar quién y cuándo había asesinado al poeta granadino y dónde estaba enterrado. Casi en el mismo momento quise escribir una novela sobre este hombre, este tico-español-gringo, que se había enamorado de García Lorca leyendo Poeta en Nueva York, solo y con frío. Conseguí los libros y documentos que pude, contacté a Margarita, que con su encanto habitual me conversó sobre él y su familia, leí Miedo, olvido y fantasía y me conmovió el amor de Marta Osorio (¿imaginación mía, deseo, sueño?) por Penón y empecé a escribir. 

Sin embargo, mi novela, que llamé Hecho de guerra, porque en el acta de defunción de García Lorca, que logró obtener Penón y que nadie había logrado antes, en causa de la muerte del poeta, aparecía heridas causadas por hecho de guerra, resultó no tener solamente a Penón como protagonista, como había querido al inicio, sino a García Lorca, a Penón, a Marta y a mi vínculo, como actriz y directora teatral, que es mi profesión, con el poeta y dramaturgo, que incluye mis puestas en escena de Poeta en Nueva York, Cuatro sollozos de plata, espectáculos multidisciplinarios de su poesía; mi actuación en Bodas de sangre, en el personaje de la Madre y la cantidad de veces que en espectáculos de flamenco, como Las mujeres de Lorca, La casa de Bernarda Alba y otros más, en que interpreté Soledad Montoya o el Romancero gitano, para terminar siendo una diatriba contra la guerra y contra los desaparecidos del mundo, en un lamento por todos aquellos que no tienen el derecho a una lápida ni a un lugar donde sus afectos, en especial sus mujeres (abuelas, madres, hijas, hermanas, tías, sobrinas, esposas, amantes y amigas) puedan ir a llorarlos, a llevarles flores o a conversar con ellos y cuyo horror nos obliga a ir descalzos porque todo sitio en el que haya habido una guerra o un enfrentamiento armado, es suelo sagrado, ya que hay muertos anónimos sepultados bajo la tierra. 

María Bonilla, octubre 2020, San José, Costa Rica.

mariabonilla.com

maribopi@gmail.com